21 de octubre de 2011: Palabras en la presentación de la Propuesta en Materia de Gobernabilidad

COORDINACIÓN GENERAL DE COMUNICACIÓN SOCIAL

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Palabras del senador Manlio Fabio Beltrones R., Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI en el Senado de la República, en el Tercer Foro Regional de la Fundación Colosio “Un Programa para México” (Tema: Gobernabilidad), celebrado en el Teatro de la República, en la ciudad de Querétaro, Qro., el viernes 21 de octubre de 2011.

A principios del Siglo XX, aquí en Querétaro nacieron las reglas que hoy nos rigen. Aquí mismo debemos sentar las bases para las nuevas reglas que nos gobiernen en el Siglo XXI. Aquí, lamentando el tiempo perdido, debemos retomar la bandera de la reforma del poder que postuló Luis Donaldo Colosio.

Quiero saludar a la militancia priista, a través de la representación nacional, Ricardo Aguilar; de nuestro amigo Emilio Gamboa, de Marco Antonio Bernal y de Braulio Guerra.

Quiero saludar también a quienes, desde la Fundación Colosio como un gran grupo de trabajo, han organizado estos foros, buscando platear un programa o plan de gobierno que enarbole nuestro partido en una campaña electoral en el futuro, saludo a todos ellos a través de nuestro amigo el senador Francisco Labastida Ochoa.  Hago lo propio con el moderador de la reunión, César Camacho.

La verdad, es un placer poder compartir esta reunión, este foro y en este recinto con nuestro amigo Enrique Peña Nieto, y sobre todo, rodeado de quienes indiscutiblemente representan las inteligencias en México.

Un historiador que ve siempre al futuro, un constitucionalista que no se cansa repensar el Estado, una investigadora que siempre nos da luz en el camino y orienta sobre las prioridades, un sociólogo de larga militancia en la brega del cambio, y un politólogo, abogado, quien siempre nos ha acompañado dándonos una mirada fresca hacia los viejos problemas.

La verdad es que hay un gran desorden. Debemos poner orden.

Orden en la política; orden en la economía; orden en lo social; y orden en la justicia. Ese es un imperativo.

Orden en la política para que los ciudadanos se sientan parte del Estado.

Orden en la economía para que los mexicanos puedan vivir dignamente.

Orden en lo social, para acabar la vergüenza del hambre y la desigualdad.

Orden en la justicia para acabar con la corrupción, impunidad y los privilegios.

México ya cambió.

El largo proceso de democratización ha generado una fragmentación del poder político, y el proceso de modernización de la economía ha generado una concentración del poder económico.

La consecuencia de esta doble transformación es que hoy tenemos instituciones y gobiernos incapaces de atender las demandas de una sociedad más diversa y exigente.

Es esta inconveniente dualidad, fragmentación del poder político y concentración del poder económico, la que ha ocasionado que amplias mayorías sociales hoy resulten excluidas del desarrollo, que no encuentren en las opciones políticas partidistas un genuino vehículo de representación, y se sumen al descontento, a la violencia y a expresiones ilegales de inconformidad.

Hoy, no hay duda –bien lo señaló Héctor Aguilar Camín– es más complejo gobernar.

La fragmentación del poder no es una desgracia. Exige sólo entender la realidad, reconocer pesos y contrapesos, así como el derecho de veto de una sociedad afortunadamente cada vez más democratizada.

Si el objetivo final de la democracia es el gobierno de todos, actualmente tenemos un mal gobierno y de pocos.

El problema es la mala política y no aceptar que hoy tenemos un régimen político agotado.

El actual régimen político estuvo diseñado para un México que ya no existe. Hoy, el reto es construir un nuevo régimen para hacer un México viable mínimamente para los próximos 50 años.

Un nuevo régimen capaz de poner orden y resolver una crisis de legitimidad; una crisis de representación; una crisis de los partidos políticos, una crisis de gobernabilidad y una crisis de seguridad.

En primer lugar, la pérdida de legitimidad de las instituciones es consecuencia de la incapacidad y deterioro para solucionar los problemas de la economía, del empleo, pobreza y desigualdad. También lo es su incapacidad para dar certezas.

En segundo lugar, la crisis de representación surge cuando los ciudadanos carecen de la certeza de ver sus necesidades resueltas por las acciones de gobierno, o no son escuchados y tomados en cuenta en las decisiones del gobierno, y cuando la sociedad no cuenta con instrumentos para vigilar la transparencia y garantizar la rendición de cuentas.

En tercer lugar, la crisis de gobernabilidad que surge porque el actual arreglo institucional no es capaz de traducir la fragmentación del poder en políticas públicas pactadas y que respondan al cambio que México requiere.

En cuarto lugar, la crisis de los partidos políticos, que se expresa en la pérdida de identidad y de capacidad para representar genuinamente a los ciudadanos.

A ello se suma el transfuguismo político como un fenómeno que adultera la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas, y que daña la credibilidad de los partidos.

En quinto lugar, una crisis de seguridad que amenaza la vida de las personas y su patrimonio, y que afecta el proceso democrático.

Superar estas cinco crisis, representa un enorme reto. Debemos resolver una situación en la que no hay incentivos para la cooperación política, se representa poco y se gobierna mal.

Todos estamos obligados a preguntarnos qué hemos hecho, y si lo que hemos hecho es suficiente.

En los últimos cinco años el Congreso ha impulsado una Reforma del Estado, una Reforma Política que amplía el poder de los ciudadanos y fortalece a los órganos reguladores; diversos instrumentos jurídicos –como bien señalaba el doctor Carbonell– para dar un sentido integral a la lucha contra el crimen organizado, y una gran reforma del amparo y los derechos humanos. La lista es larga.

A pesar de este gran esfuerzo por dotar al Ejecutivo de estos instrumentos jurídicos, un esfuerzo en el que han participado legisladores del PRI,  los resultados del gobierno han sido insuficientes y pobres.

Ante la posibilidad de que el PRI encabece la segunda alternancia en el 2012, lo que debemos garantizar a los mexicanos es certeza, en todos los órdenes:

Certeza jurídica; para asegurar igualdad ante la ley, para incrementar la competitividad y dinamizar la economía. Es que hoy se hace uso cotidianamente de los decretos, y hay que partir de la base que los decretos duran hasta que el Ejecutivo quiere.

Certeza ciudadana; que haga que los mexicanos se sientan parte del Estado y abrir sus puertas a todos. Es decir, llevar a cabo la compleja convivencia entre una democracia representativa y la democracia participativa.

Certeza de gobernabilidad; que garantice que el arreglo institucional sea capaz de facilitar acuerdos políticos sobre políticas públicas, gobiernos y gabinetes de calidad, y que entienda que la pluralidad y la democracia llegaron para quedarse.

La reforma política en proceso de aprobación en la Cámara de Diputados resolvería un aspecto importante de la certeza jurídica al dar mayor independencia a los órganos reguladores del gobierno en turno, lo que permitirá mayor competitividad y alentar la inversión.

El gran pendiente es asumir el compromiso por consolidar un país de garantías a partir de las reformas del sistema de justicia, que hoy llevan un paso lento.

Para mejorar la certeza ciudadana, la reforma política reconoce las candidaturas independientes, la iniciativa ciudadana y la consulta popular como nuevas formas de participación de la sociedad. Igualmente, queda pendiente seguir debatiendo sobre instrumentos como la reelección inmediata y la revocación de mandato.

Los avances de la reforma política en materia de certeza jurídica y ciudadana deben profundizarse. Falta resolver la certeza en la gobernabilidad.

Para ello, hoy existen –lo señalaba con prístina claridad, que solamente proviene del estudio y de la búsqueda honesta de soluciones Héctor Aguilar Camín– tres propuestas: la segunda vuelta, la cláusula de gobernabilidad o la desaparición de una cláusula que genere ingobernabilidad y los gobiernos de coalición.

Déjenme hacer algunas apreciaciones sobre los tres; en el entendido de que las tres giran alrededor del mismo objetivo, que es buscar mayorías estables o absolutas, que permitan que las cosas buenas pasen, que los acuerdos sean posibles y de manera más ágil. Ese es el propósito.

La segunda vuelta electoral no resuelve el problema, pues no garantiza al presidente electo que su partido automáticamente cuente con mayoría en el Congreso si éste fue electo en la segunda vuelta o tiende al bipartidismo, en un país donde la pluralidad es todo un patrimonio. Y luego, en las elecciones intermedias, si el Congreso también es electo en la segunda vuelta, entonces, el problema se complica.

Por otro lado, la cláusula de gobernabilidad resuelve aparentemente el problema, ya que nada garantiza que en la elección intermedia el partido del Presidente obtenga la mayoría, y entonces aplicaría al revés el espíritu de la ley y el partido del Ejecutivo podría quedar con minoría en la Cámara. En ese caso, lo único que aparentemente podría resolver el problema es que hubiera elecciones anticipadas de todos, lo cual agrava todavía el problema.

En la búsqueda de la democratización del régimen, recuerdo aquí que en 2010 la Fracción Parlamentaria del PRI en Pleno –apoyada por los que nosotros pensamos los mejores, en donde hay varios en este recinto– planteó, en carácter de iniciativa, una reforma para tener menos diputados y senadores, pero a través de eso, más acuerdos.

También planteamos una serie de fórmulas que buscan tener garantía de pluralidad, pero también la certeza de la gobernabilidad.

Creo que, en la búsqueda de esas mayorías estables, valdría la pena incursionar en el planteamiento de los gobiernos de coalición, ese que hoy se encuentra planteando el PRI en el Senado de la República. Creemos que resuelve los problemas de gobernabilidad y ve más allá, en la posibilidad de alcanzar legitimidad, representatividad, mayores acuerdos y fortalecimiento de nuestro sistema de partidos.

A diferencia de las coaliciones o alianzas electorales, y que se hacen para ganar una elección, un gobierno de coalición es para poder gobernar.

Recordemos que las alianzas y las coaliciones electorales se hacen para ganar elecciones, aunque después no sepan qué hacer con el gobierno.

Es importante que los gobiernos de coalición permitieran compromisos con otras fuerzas, con un marco legal que lo norme y con instrumentos constitucionales para su efectivo cumplimiento.

Un gobierno de coalición no fundado en la Constitución, corre el riesgo de convertirse en un gobierno de cooptación, que vendría a sustituir a un gobierno de colisión, como en el que nos encontramos.

Es importante fijar las diferencias, el gobierno de coalición ayuda a encontrar la forma de integrar una mayoría gobernante, que respete la voluntad ciudadana y permita, tanto al Legislativo, como al Ejecutivo, cooperar y comprometerse en el ámbito de sus responsabilidades a impulsar los cambios, las modificaciones, las reformas necesarias para darle mayor agilidad y dinamismo a la construcción de consensos.

El gobierno de coalición ayuda a resolver la crisis de representación porque privilegia los acuerdos por encima de las diferencias.

Un gobierno de coalición permite construir propósitos comunes en la pluralidad democrática. No hay gobierno con mayor legitimidad que aquel que representa a verdaderas mayorías y proyecta un programa compartido.

En suma, estoy convencido que sólo cuando la política le sirva a la economía, cuando la política sirva a la sociedad y cuando la política sirva a la justicia, estaremos cumpliendo con nuestra responsabilidad como políticos, dirigentes, y gobernantes.

La política debe servir. Política que excluye, es política que destruye.

Sólo con certeza de la gobernabilidad, certeza jurídica y certeza ciudadana, lograremos darle orden y rumbo a nuestro país.

Amigos todos:

La emergencia nacional que hoy vive México, que bien relataba nuestro amigo Sabino Bastidas, y también lo hacia y lo hacía bien, como siempre, Ana Laura Magaloni, nos obliga en este Foro a detenernos en un tema que lastima y agravia la vida de los mexicanos: la inseguridad y la violencia.

La gravedad de esta emergencia se manifiesta en el hecho que en algunas regiones del país, se está sustituyendo al Estado en dos funciones centrales: la de recaudar impuestos, y la de ejercer el monopolio de la fuerza.

Esto es muy importante, porque significa una amenaza, porque podría crear un Estado paralelo y una sociedad de desplazados.

La seriedad del problema obliga al PRI a hacer las cosas diferentes.

Del gobierno actual lo único rescatable es su determinación para enfrentar el problema, pero eso no es suficiente.

¿Quién no estaría de acuerdo en combatir con toda la fuerza del Estado al crimen organizado? Absolutamente nadie, sólo los delincuentes.

En lo que no estamos de acuerdo es en la estrategia actual: mal diseñada, no acordada y peor ejecutada, y con falta de transparencia. Los números no mienten.

La buena política primero escucha, luego decide y luego explica, para que en la explicación, si algo se hizo mal, entonces componer y rehacer el camino.

Seguir insistiendo sobre el mismo error, nos llevaría a perder el tiempo.

Si algo urge hoy, es poner orden en la seguridad, la que reclaman con desesperación todos los mexicanos.

Este complejo problema tiene múltiples orígenes, que aquí mismo se han señalado y que giran alrededor de la corrupción, de la impunidad, de la falta de transparencia.

Pero la inseguridad también está en las fallas del sistema económico. Mientras no resolvamos los problemas del crecimiento, de la desigualdad, de la pobreza, lo único que estaremos nosotros viendo en el futuro, es que buena parte de la sociedad y nuestra juventud puede ser capturada por este tipo de eventualidades.

Es que no podría explicarse la inseguridad sin aceptar que nosotros como sociedad también fallamos cuando justificamos incumplimientos voluntarios de las reglas de convivencia social.

Es que las fallas que tienen los gobiernos se ven agravadas con las fallas que tenemos en la sociedad, por no cumplir o por no dejar que se sancionen, pero de manera abierta y cierta, cada una de las ilegalidades que se cometen.

Es la inseguridad no un asunto que quede como responsabilidad exclusiva, más y directa de cada uno de nosotros, de cada familia, de las organizaciones sociales, de las cívicas, de las religiosas.

Asumir estos retos y buscar soluciones, es hacer de nuestra participación un ejercicio de presión a un buen gobierno.

La nueva estrategia para combatir la inseguridad requiere que el esfuerzo sea transversal e integral. Que ponga prioridad en la prevención, que aliente y facilite la participación social, y que tenga un enfoque de visión regional e internacional.

Asimismo, la nueva estrategia de seguridad debe basarse en más inteligencia que la confrontación de fuerzas contra la delincuencia,

Pero es      que no es un asunto de si necesitamos más fuerza o más inteligencia.

Lo que necesitamos es fuerza con inteligencia y juntos hacer entonces el mecanismo en la dualidad, de lograr mayor efectividad, sobre todo cuando se utiliza inteligencia de punta.

Nunca hay que darles tregua a los delincuentes; nunca hay que darle un espacio a la delincuencia organizada o no, o al narcotráfico.

Debemos concentrar las responsabilidades del combate a la delincuencia, al narcotráfico en una sola institución para impedir que el poder corruptor del dinero de la delincuencia, contamine a todas las instituciones que hoy participan en el combate al crimen organizado.

También hay que concentrar los diversos trabajos de inteligencia, en una sola institución.

Es más fácil vigilar a una institución encargada del combate al narcotráfico, que como delincuencia organizada cuenta con muchos recursos para corromper a las instituciones, que vigilar todas las instituciones que giran alrededor de un mismo objetivo, de combate a la delincuencia.

Asimismo considero relevante plantearnos sobre la conveniencia, de sellar nuestras fronteras, del paso de armas y de dinero.

Ahí es donde las Fuerzas Armadas sí pueden hacer un gran trabajo en beneficio de todos nosotros.

Finalmente, es importante golpear al crimen cumpliendo con las disposiciones internacionales sobre lavado de dinero.

He platicado con muchos de ustedes y coincidimos: no conocemos un esfuerzo en el mundo en contra de la delincuencia, que no haya girado sobre una fiscalía fuerte.

Hoy todos los esfuerzos están en crear policías fuertes, pero no fiscalías fuertes. Y es ahí en donde podemos encontrar verdaderamente el paso definitivo para acabar con la impunidad que se presenta ante la falta de averiguaciones previas bien elaboradas.

Pero por otra parte, también, es necesario reconstruir a las policías locales, como paso fundamental para fortalecer la eficacia preventiva de la acción contra la inseguridad.

Por ello, debemos profesionalizar estas policías y adoptar un mando o unos mandos únicos policíacos, en las 32 entidades, y un mando único nacional.

Quiero precisar que la delincuencia se ha aprovechado de nuestras diferencias políticas, de nuestros desacuerdos, pero se ha aprovechado de las ocurrencias con que lo hemos enfrentado.

La delincuencia se ha beneficiado del reparto de responsabilidades, sin responsables.

Ante ello, estamos obligados a actuar con un solo propósito: cero impunidad. No vayamos a agregarle a esta emergencia nacional la manipulación y el uso electoral. No solamente lo lamentaríamos, su único beneficiario sería la delincuencia. No convirtamos este desastre nacional, en una desgracia nacional.

La estrategia de seguridad debe respaldarse con una estrategia para el crecimiento económico, la estabilidad y la promoción de la igualdad social, como la propuesta en los foros anteriores.

En Chihuahua propusimos un nuevo modelo de desarrollo que gire más allá del paradigma de la estabilidad financiera, sino que lo haga alrededor del crecimiento económico para la igualdad con estabilidad financiera, porque es la única manera de acabar con tanta desigualdad.

Hablamos de un Estado igualador, porque el Estado tiene que abocarse a esa tarea.

En Campeche hablamos de la necesidad de un nuevo pacto social, para luchar en contra de la injusticia y la desigualdad, replantear nuestros esfuerzos.

Amigas, amigos:

Los retos que tenemos son muchos, las oportunidades son pocas, la responsabilidad un compromiso con la historia.

Como partido, el PRI tiene que entender su momento en la historia de México. Existen altas posibilidades de ganar la elección del año que entra. Debemos de hacerlo conscientes de que nuestro papel no puede reducirse al de ganar para mantener el estado actual de las cosas que no funciona con mayorías que aplastan minorías.

El PRI tiene que entender su tiempo. Un tiempo en el que los verdaderos cambios, que son impostergables, requieren de apertura, diálogo, inclusión y de un compromiso con la diversidad y la democracia. Sólo así lograremos construir el México próspero, justo y seguro que todos anhelamos.

Los priistas debemos de felicitarnos. Nos propusimos construir primero el plan, para después buscar el hombre. Hasta hoy hemos dado pasos muy importantes en ese propósito.

Una última reflexión y agradeciendo su paciencia para poder escuchar todas estas ideas, muchas de ellas que propiciaron las magníficas intervenciones de nuestros amigos que hoy nos acompañaron.

Una de las razones por la que las tendencias hoy nos favorecen como partido para las elecciones del 2012, es por el agotamiento de la sociedad y del régimen, ante 10 años de gobiernos con malos resultados en dos temas: el aumento a la pobreza y el descontrol e incapacidad para resolver la violencia.

Preguntémonos: ¿Qué México vamos a encontrar si el voto nos favorece en el 2012? Desgraciadamente, estoy seguro, un México más pobre y más violento.

¿De cuántos será la lista de muertos y desaparecidos? ¿Y cuántos más pobres serán en el 2012?

Por eso México va a requerir y exigir resultados al día siguiente. El 2 de diciembre del 2012 estará esperando respuestas, por eso no podemos con más de lo mismo, no tendremos mucho tiempo y mucha paciencia de la sociedad; no habrá la tradicional luna de miel.

No olvidemos que un pueblo no atendido, enojado e irritado, es un pueblo muy delicado. Pero, un pueblo desanimado, desesperado y deprimido es un pueblo postrado. Y para salir adelante, para rescatar a México, vamos a necesitar de toda la energía social que es posible y que tiene este gran pueblo de México.

Tengamos presente: no podemos ver con triunfalismo la próxima elección. No podemos permitir que la simulación sustituya la autenticidad. No vayamos a dejar que la abyección suplante a la lealtad de los principios. No vayamos a hacer de la exclusión la forma de hacer política.

Tengamos siempre presente que una elección se gana con tres elementos: Política, ideas y organización.

Nuevamente, recordemos a don Jesús Reyes Heroles y practiquemos la política con autenticidad y digamos con claridad lo que pensamos. Igualemos la conducta con el pensamiento. Si actuamos así, no nos arrepentiremos y coincidiremos con don Jesús: si ésta es la política, que venga otra vez.

Muchas gracias.

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Una respueta a 21 de octubre de 2011: Palabras en la presentación de la Propuesta en Materia de Gobernabilidad

  1. Carlos Ordaz Bautista dice:

    Vamos Senador Beltrones con todo por la Presidencia, para poder estar bien en todos los Estados de esta bella tierra